Los militares, la historia tal cual es

Saludos a todos: De forma equivocada o erradamente, una parte de la sociedad chilena estimó –durante décadas– que sus FF.AA. estaban constituidas por gente de valor, personas dignas en las que predominaba el concepto del honor. El 21 de octubre de 1969, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, el entonces general Vieux se atrincheró en el regimiento Tacna (Santiago) negándose a aceptar el llamado a retiro efectuado por la Junta Calificadora de Oficiales del Ejército, aduciendo que su acción procuraba que el gobierno mejorase la calidad del equipamiento militar y aumentase los sueldos de los oficiales. El levantamiento fue conocido como “el Tacnazo”. Vieux fracasó en sus intentos de arrastrar a otras unidades militares y fue pasado a retiro. Uno de los personajes claves que impidió a los generales chilenos quienes planeaban derrocar al compañero presidente Dr. Salvador Allende fue el comandante en jefe del ejército chileno, René Schneider, quien fue asesinado durante un fallido secuestro perpetrado por militares derechistas. El crimen del comandante de la Marina y edecán del presidente Allende, ocurrido en la calle Fidel Oteíza –entre Marchant Pereira y Carlos Antúnez– de la comuna de Providencia fue, en definitiva, una bien montada operación terrorista de inteligencia y desestabilización política, organizada por la extrema derecha junto a grupos fascistas y ultras nacionalistas insertos en las Fuerzas Armadas. Al finalizar el año 1973, los generales Lutz y Bonilla (Oscar) habían chocado frontalmente con el coronel Contreras, jefe de la DINA, por el trato dispensado a los prisioneros en “Tejas Verdes”. Ello les costaría finalmente la vida a los dos generales. “¡Señores, la DINA soy yo! gritó Pinochet golpeando la mesa. ¿Alguien más quiere pedir la palabra?”, diría Pinochet en una reunión secreta del generalato. Cada mes moría un general, un coronel o un alto oficial, siempre en extrañas circunstancias. En marzo de 1974 había fallecido en el Hospital Militar el general de la Fuerza Aérea, Alberto Bachelet, padre de la actual presidenta de Chile, como consecuencia de las torturas y golpizas sufridas durante los continuos interrogatorios. En septiembre de 1974 muere asesinado el general Carlos Prats en Buenos Aires junto a su esposa, Sofía Cuthbert, producto de una bomba puesta en su propio coche. Se supo posteriormente que fue víctima de la DINA quien cumplió instrucciones precisas del propio Pinochet. En esa época se produjo también el asesinato del mayor Mario Lavanderos, crimen ordenado por el siniestro equipo de la DINA. El mayor Lavanderos, a cargo de una sección del Estadio Nacional cuando este recinto fue utilizado como un Campo de Concentración, decidió entregar al entonces embajador de Suecia en Chile, “Harald Edelstam”, un grupo de 54 ciudadanos uruguayos que se encontraban detenidos en ese campo deportivo. A partir de 1969 los uniformados chilenos abandonaron sus ropajes de honor, dignidad, moralidad, estoicismo, patriotismo, sobriedad y respeto a la Constitución y a las leyes soberanas, para transformarse en verdaderos enemigos del pueblo y de la nación. Hay, hoy día, algunos uniformados que luchan estoicamente para que sus instituciones, sus casas matrices, recobren las características que alguna vez les distinguieron entre sus pares de América. Pero, la historia les juega en contra, por mucho que una muchedumbre de políticos traidores a la ciudadanía, yanaconas al servicio del imperio en las sombras, reconvertidos a la fe neoliberal y leales al empresariado transnacional, traten de tapar el sol con un dedo y que es con el mismo dedo de la mentira que emana de aquellos medios de prensa que controlan y administran. Finalmente, mientras eso no cambie, la podredumbre nos cubrirá. Estamos insertos en un país de mentiras, una niebla que envuelve a todos los colores políticos, no existe interés de cambiar, todos juran ser limpios de manos y moral, siempre la culpa es del otro. Debe ser muy bueno ser senador o diputado, no tienen horario, no tienen jefe, no le rinden cuentas a nadie, ganan más que el 99,99% de los chilenos. Para que el CHILE de hoy crezca tienen que existir personas nuevas, con nuevas ideas, nuevas conciencias y más importante de todo, con nueva ética. Ética verdadera y basada en principios ampliamente aceptados. Tenemos que encontrar personas preparadas, sanas y dispuestas a sacrificarse por el bien de la patria. No a ir a enriquecerse con los privilegios y las prebendas que reciben, sino comprometidos con un futuro de libertad, democracia y la esperanza de hacer realidad hoy más que nunca, el sueño de las “Las Grandes Alamedas”. Gracias!

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